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Guardar no es respaldar: cómo armar copias con criterio
Guardar el único archivo en otra unidad conserva una sola copia. Un respaldo requiere otra versión y un procedimiento para recuperarla. La diferencia no es un detalle técnico: define si podés recuperar la información cuando algo falla. Antes de elegir almacenamiento, definí qué datos se copian, cuándo y cómo vas a comprobar que están completos.

Definí qué se respalda
No todo merece el mismo tratamiento. Separá archivos importantes de los descartables. Para cada conjunto, definí cuántas versiones querés conservar y cada cuánto se actualizan. Escribilo. Si la información es importante, contemplá los distintos riesgos del lugar y del transporte. Una copia en el mismo escritorio no cubre los mismos riesgos que una en otro lugar.
Ponete un escenario concreto: imaginá que estás por viajar y llevás un pendrive con archivos que también quedan en tu equipo. Si el pendrive se pierde, la copia del equipo sigue ahí. Si el equipo falla en ese mismo momento y el pendrive era lo único que tenías, no hay respaldo. Anotá qué pasa en cada caso antes de armar el sistema.
Elegí el soporte según la tarea
Un pendrive puede servir para trasladar archivos; un disco externo puede formar parte de un sistema de respaldo. Una tarjeta cumple otra función. Elegí según la tarea y no por costumbre. Confirmá que el soporte sea compatible con el equipo que lo va a leer. Revisá capacidad y conexión antes de decidir. No todos los soportes sirven para el mismo tipo de copia.
Un caso típico: guardás fotos en una tarjeta y también en un pendrive. Si ninguno de los dos se lee desde tu equipo principal, la copia existe pero no la podés usar. Antes de confiar en ese par, probá que ambos se abran desde el equipo donde vas a recuperar los datos.
Comprobá que la copia sirve
Una copia que nunca abriste no es un respaldo confiable. Después de copiar, abrí algunos archivos desde el soporte y verificá que se lean completos. Anotá la fecha de la última verificación. Si algo no se abre, resolvelo antes de borrar el original. La comprobación es parte del procedimiento, no un paso opcional.
Para que no quede en la intención, fijate un momento concreto: al terminar cada tanda de copias, abrí tres archivos al azar y anotá la fecha. Si esa tanda incluía lo único que tenías de algo, no borres el original hasta confirmar que se lee.
Mantené las copias organizadas
Nombrá las carpetas y las versiones de forma clara. Evitá mezclar copias con archivos de trabajo en la misma unidad. Si usás varias, anotá qué contiene cada una. No confíes todo a una unidad que usás a diario. Un respaldo se sostiene con un procedimiento simple y repetido, no con una sola copia hecha una vez.
Hipotético: si dentro de seis meses necesitás una versión anterior de un documento y no sabés cuál carpeta la tiene, la copia existe pero no te sirve. Por eso conviene que cada unidad tenga una etiqueta con qué guarda y de cuándo.
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